Viajando con el cello: Ángela Lobato del Castillo

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Alumna: Ángela Lobato del Castillo –  21 años –  Madrid.
Desde: Londres – Reino Unido –

 

Tras trabajar durante algo más de cuatro años con Eduardo pensé en continuar mis estudios en un Conservatorio Superior. Y ¿por qué no? Decidí probar suerte en Londres. Ahora estoy a mitad de camino en mi primer curso del Bachelor of Music en el Trinity Laban Conservatoire of Music and Dance, estudiando con Natalie Clein.

 

-¿Es tu primera experiencia en el extranjero?

No. ¡Mis veranos han sido siempre muy extranjeros! Como experiencia musical, ésta es la primera a largo plazo.

-¿Qué te ha aportado esta experiencia desde el punto de vista musical?

Un cambio de perspectiva increíble. Descubrir otras formas de comprender la música y la vida como músico. En esta ciudad, especialmente, tropezarme con las mejores orquestas y mejores solistas del mundo, cada semana, y poder escucharlos por precios irrisorios para estudiantes. ¡Música de cámara en vivo y en directo! Desde la mejor calidad del mundo en el Wigmore Hall a centenares de modestos conciertos de muy buena calidad (¡casi siempre!) en pequeñas iglesias e instituciones por todos los rincones. Algo maravilloso, no sólo por el concepto sino también como plataforma para que como estudiantes sintamos que también nosotros podemos aportar un granito de arena a la oferta musical de la ciudad con esfuerzo y ganas.

-¿Y personal?

Bueno, la primera experiencia viviendo y estudiando fuera de casa es siempre intensa. En un sentido es lo mejor que puede pasar, el tener la oportunidad de empezar una vida que se organiza exclusivamente en torno a la música. Puede resultar abrumador el ver que eso conlleva un inadvertido amontonamiento de platos que lavar y coladas que hacer, pero a la larga es una forma estupenda de aprender a organizar el tiempo de la forma más eficiente. En un sentido amplio, absorber ideas y aprender, más que nunca, de personas nuevas, proyectos…

-¿Qué has encontrado en el extranjero que no hayas experimentado en España?

¡Gente extranjera! Parece que estoy bromeando, pero lo digo muy en serio. En España crecemos estudiando rodeados de personas de nuestro mismo entorno, e incluso nos parece diferente la experiencia vital de un compañero que viene de otra provincia. Cuando se está en el extranjero se descubren visiones y experiencias radicalmente diferentes, y salir de la burbuja nacional abre los ojos en muchos aspectos, también para darse uno cuenta de las cosas positivas que recibimos aquí.

 -¿Cómo ha sido de necesario hablar idiomas?

Más que importante: esencial. No hace falta dominar el idioma como un nativo, pero cuando uno se expone a una experiencia intensa en el extranjero es una pena perder información y por ende, aprendizaje, por no tener suficientes recursos lingüísticos (especialmente en comprensión).

-¿Encuentras enriquecedor el intercambio de ideas y formas de trabajar con otros estudiantes extranjeros?

Muchísimo. Se descubren métodos de estudio, experiencias vitales en música muy diversas, todas derivadas de algún modo de la cultura de origen. Es algo increíble cuando al tocar juntos ese trasfondo converge en una misma meta, hacer música, y cada uno aprende del otro nuevas perspectivas. Para mí una de las más grandes sorpresas de este año ha sido trabajar con una pianista letona de escuela “rusísima”. Será el clima de allá, pero disciplina férrea unida a gran expresividad son conceptos bien grabados en sus cerebros…

-¿Cómo has encontrado el nivel del alumnado y profesorado en el extranjero?

Muy bueno. En una ciudad inmensa como Londres hay mayor heterogeneidad, pero precisamente por eso se tiene la oportunidad de aprender a base de escuchar y escuchar a gente de diferentes estilos y niveles y sacar conclusiones de ello. Los estudiantes parecen de algún modo más despiertos y el clima de competitividad natural (y en mi experiencia sana) ayuda a esforzarse al máximo. Los profesores extranjeros con los que he tenido la suerte de trabajar (mi actual profesora y otros en algún curso de música de verano) han sido siempre inspiradores y me han ayudado a exigirme más. ¿Será porque muchos de ellos tuvieron sus propias experiencias en el extranjero?

-¿Qué otras cosas destacarías de viajar al extranjero para formarte?

Me ha sorprendido ver lo positivo que me ha resultado tener la oportunidad de tocar para gente que no conoce mi evolución previa, mis “antecedentes”, ya sea de formación en mi país de origen o de experiencia personal. Es un ejercicio fantástico de definición de uno mismo como intérprete: -Aquí estoy, así es como toco-.

-¿Ha habido alguna experiencia negativa?

Las lesiones siempre son duras, pero tener una en el extranjero ha resultado más desorientador para mí. Será porque estoy aquí por el cello y no he podido tocar durante un largo periodo de tiempo. En tu ciudad de origen siempre tienes más oportunidad de sacar planes b, con una red de familiares, amigos y conocidos más amplia a tu alrededor.
En cualquier caso, cuando todo finaliza se valora mucho más la “maduración” forzada…

-¿Qué importancia le das a estudiar en el extranjero de cara a tu futuro profesional?

Mucha. Creo que es importante conocer todo el espectro de posibilidades profesionales que nos ofrece la música y cómo éstas se plantean en diferentes lugares del mundo (y dónde hay más o menos trabajo, dónde se puede vivir de freelance conociendo a la gente adecuada, o dónde es mejor empezar a buscar un puesto fijo.

-¿Recomendarías esta experiencia a otros estudiantes de cello?

Desde luego. No tiene por qué ser necesario irse para toda la carrera, pero recomiendo altamente los másteres en el extranjero y los cursos con masterclasses que se dan a lo largo del año, especialmente en verano. ¡El hecho de que sean en un tiempo más reducido multiplica su intensidad en muchos aspectos! Si la música es de verdad el lenguaje universal, tenemos que aprovecharlo al máximo, ¿no?

 
 
 
 

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