Filosofía Pedagógica

Dedicarse a la pedagogía es una tarea difícil y de gran responsabilidad, pero también está llena de satisfacciones y alegrías. Es necesario tener una serie de condiciones imprescindibles como conocimientos pedagógicos, dominio instrumental, intuición, energía, constancia, curiosidad, grandes dosis de entusiasmo y amor por la enseñanza, y, además, una filosofía pedagógica, una especie de línea maestra, que nos guíe a lo largo del camino.

Pero definir una filosofía pedagógica siempre es difícil. Todo en la enseñanza (y no solo de un instrumento) es evolución, adaptación, y un continuo aprendizaje que dura toda la vida. En el momento que se deja de evolucionar, de tener curiosidad, de querer aprender, de ser flexible, de mejorar como músico y como pedagogo, se deja de recorrer el camino correcto. Hay ocasiones en las que, dentro de mi aula, he aprendido más de lo que he enseñado, y estoy muy agradecido a mis alumnos por ello.

Cada alumno es único en sí mismo, independientemente de sus cualidades, edad, evolución, y nivel de madurez, y merece ser nutrido y cuidado de acuerdo con sus propias características individuales. De igual forma, la formación de cada alumno tiene a la vez que regirse por una línea maestra general que se retoca durante toda la vida, pero con la flexibilidad necesaria para adaptarse a cada situación y momento. Continuamente se renuevan los alumnos que pasan por las manos de un profesor, y continuamente aparecen nuevas innovaciones y métodos pedagógicos. El nivel instrumental sube de manera constante, y esto exige del profesor una capacidad de adaptación, atención y crecimiento permanentes. Y son estas cualidades, junto con la intuición y la vocación las que distinguen a un gran profesor.
 

 
Creo además que la formación de un alumno no solamente debe estar limitada al aspecto instrumental, aunque ésta sea muy importante; lo más importante es su formación como músicos y también como personas. He tenido el placer de tener alumnos que son buenos músicos y que pudieron elegir el cello como profesión, pero que prefirieron llevar sus vidas por otro camino, y que me han llenado de satisfacción como profesor y como amigo.
 
 
Un alumno, para ser un futuro profesional del cello, necesita ser guiado y asesorado además de instruido en el instrumento; libros, discos, conciertos, exposiciones, viajes, cursos, concursos, etc. forman parte de una serie de complementos indispensables para un futuro músico profesional. Una formación lo más amplia y rica posible es vital para su creatividad y su potencial crecimiento,
El resto es dedicación, esfuerzo, trabajo, constancia y paciencia, por parte tanto del profesor como del alumno. Siempre es importante recordar que el aprendizaje es un proceso: el profesor no lleva al alumno a la meta, sino que lo acompaña a lo largo del camino.

Y no olvidemos que tocar un instrumento es una experiencia enriquecedora e inolvidable que quedará para siempre en el alumno, y que lo acompañará el resto de sus vidas; y somos nosotros quienes tenemos en nuestras manos el privilegio y el placer de descubrirle un instrumento e incluso, de descubrirle una profesión que le llenará de satisfacción en el futuro.

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